Dentro de unos años

Dentro de unos años, el período que abarca mi vida parecerá anticuada ante ojos futuros. Quizás no solo lo piense yo, sino otros muchos...
Cuando leo un libro me pregunto: ¿será realmente lo que capto y las reflexiones que me suscitan estos párrafos, lo que quería transmitirme el escritor...? Tal vez la intención era esa, no transmitir algo concreto e inamovible, sino crear preguntas y dar la bienvenida a la filosofía, a preguntarnos por nuestro mundo exterior e interior.

Ahí tenemos al relato "Mi nombre es Hor", título que asigno, personalmente, al primero de los relatos de "El espejo en el espejo"(1984), obra de Michel Ende.


Un viaje interior, lúgubre y oscuro. El producto de una autorreflexión interna dentro de un ambiente algo onírico. Un encierro interno sin fin, un laberinto que no acaba...Las intenciones de crear una luz y una ventana se esfuman...
No es Hor, puede ser una réplica de las vivencias de otro, es un eco que se repite, pero no es él. Deambula en círculos sin encontrar la salida, sin construirse a sí mismo. Tiene la sospecha de que vive pero basándose en las necesidades fisiológicas y básicas que lo igualan a los demás, que son constatables, que son tangibles... ¿Es necesario, que para que algo exista tengan que verlo nuestros ojos bajo forma corpórea?

 "Así, el tranquilo investigador que recorría alegre su camino, confiado
en la realidad "objetiva" de las semillas de "verdades" que anidan en su
corazón, se verá abruptamente detenido ante este abismo abierto
por las inevitables preguntas que siguen, y que lo obligarán a construir un nuevo
y consistente puente de valor universal sí desea llegar al mundo humano
cruzando el espacio conceptual de este brutal desafío".
Humberto Maturana, El árbol del conocimiento.

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