Tormenta de verano
Siempre hay alguna tormenta de verano, alguna nota entre el si y el re del piano.
El agosto llega a su fin, la función de mostrar al mundo los días soleados y las vacaciones acaban. Lo superficial se desvanece, las profundidades del otoño están a la vuelta de la esquina.
Las tardes en Moscú de Luke Faulkner, anuncian la despedida. No somos personalidades somos personajes, nos han despojado de los ornamentos brillantes, de las etiquetas y las aprobaciones.
Ahora somos la verdadera poesía que intenta recoger la melodía exacta, la sintonía deseada.
Se acabó la propensión a expresar la intimidad. La vida interior dista de cualquier manifestación plástica.
Ahora es el momento en el que nuestras manos diseñan los sueños del mañana. Es ahora, cuando los ideales afloran y expresan su auténtica vitalidad.
El agosto llega a su fin, la función de mostrar al mundo los días soleados y las vacaciones acaban. Lo superficial se desvanece, las profundidades del otoño están a la vuelta de la esquina.
Las tardes en Moscú de Luke Faulkner, anuncian la despedida. No somos personalidades somos personajes, nos han despojado de los ornamentos brillantes, de las etiquetas y las aprobaciones.
Ahora somos la verdadera poesía que intenta recoger la melodía exacta, la sintonía deseada.
Se acabó la propensión a expresar la intimidad. La vida interior dista de cualquier manifestación plástica.
Ahora es el momento en el que nuestras manos diseñan los sueños del mañana. Es ahora, cuando los ideales afloran y expresan su auténtica vitalidad.
El verano no tiene un día,
este se ha convertido en lugar común.
El verano no es más que la promesa no cumplida de primavera,
un charlatán, en lugar de las noches embalsamadas con que se sueña en abril.
Una estación en la que nada crece, no tiene un día.
A este lado del paraíso - F.Scott Fitzgerald
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